Llamé a mi madre.
No respondió.
Volví a intentarlo esa misma noche.
Nada.
Entonces, ya entrada la noche, recibí un breve mensaje suyo.
«Todo está bien. Nos vemos mañana».
Pero había algo extraño en aquel mensaje.
Mi madre siempre me llamaba cariño.
Siempre añadía un corazón o una carita sonriente.
Ese mensaje no tenía nada.
Ninguna calidez.
Ninguna explicación.
Solo aquellas pocas palabras.
A la tarde siguiente, conduje hasta la dirección que mi padrastro me había enviado.
La piscina estaba situada fuera de la ciudad, escondida detrás de árboles altos