propio hogar por sí mismo. Y yo, por fin, iba a vivir mi vida como quería.
Al principio, todo era confuso. Mi esposo intentó recuperarme, prometiendo que todo sería diferente, pero yo ya no quería regresar a una jaula dorada. Empecé a mirar la vida que me rodeaba, aprendí lo que era la libertad y comencé a disfrutarla.
Mis amigas decían que había perdido la cabeza porque había vuelto a interesarme por los hombres. Pero, más que nada, yo quería volver a sentirme mujer: hermosa, deseada, importante.
Unos años después,