Julieta, había nacido apenas un mes antes de la fecha de parto de Emilia. En la familia bromeábamos con que las primas iban a ser inseparables: mismos cumpleaños, mismo colegio, mismas travesuras.
Paula me visitó al día siguiente de la muerte de Emilia. Casi no me miró. Solo murmuró “lo siento mucho, Caro” y se fue enseguida. En ese momento creí que estaba sufriendo con nosotros. Ahora ya no sabía qué pensar.
Bajé a la cocina. Gustavo fregaba una olla que brillaba.
—Deja eso y mírame. ¿Qué hacía Paula en