Lloraba a mi bebé tras el parto, hasta que mi hijo de 7 años me susurró: “Mamá, no se fue. Vi lo que hizo papá”

Aunque fuera un minuto.

Le creí. Pero algo seguía sin cerrar. Me vestí como pude —todavía me dolía agacharme para ponerme las zapatillas— y fui a la casa de Paula.

La pregunta que nadie me dejaba hacer

Paula abrió la puerta con Julieta apoyada en el hombro. Viva. Tibia. Respirando. Todo lo que Emilia no era.

—Tomás te vio en la clínica —le dije—. Lleva dos semanas juntando dinero porque cree que puede comprar de vuelta a su hermana.

Paula se llevó la mano a la boca. Me confirmó lo