ello.
En aquel momento, no parecía nada importante.
No tenía idea de que, apenas unos minutos después, toda la noche terminaría en pánico.
Me levanté para buscar un poco de agua.
Di dos pasos.
De repente, un extraño zumbido llenó mis oídos.
La habitación pareció inclinarse.
—Eric…
Se volvió.
—¿Linda?
Me llevé la mano al cuello.
Entonces mis piernas dejaron de sostenerme.
Todo se volvió negro.
Lo siguiente que recuerdo fue el sonido constante de un monitor de hospital.
Abrí los ojos.

Tenía un tubo de oxígeno debajo de la