verme como una mujer.
Su expresión cambió.
—Dios mío, Linda…
—Sé que lo que hice estuvo mal. No estoy intentando justificarlo. Pero quería una noche… solo una noche… para sentir que alguien todavía me deseaba.
Robert bajó la cabeza.
Cuando finalmente habló, su voz sonaba diferente.

—No eras tú.
Lo miré fijamente.
—¿Qué?
—No era tu cuerpo. No era tu edad. Y desde luego no era porque hubiera dejado de desearte.
No lograba entenderlo.
Robert apoyó las manos sobre sus rodillas.
—Hace dos años, mi médico me dijo que tenía