Y Richard y yo habíamos construido aquella vida juntos.
La llave que llevaba en el bolsillo empezó a significar otra cosa.
Ya no era solamente la llave de una puerta.
Era la prueba de que alguien podía cambiar una cerradura sin cambiar la historia de una familia.
Días después, Daniela volvió a escribirme.
«Mamá, David dice que si seguimos adelante
vamos a perder el dinero.»
Le contesté una sola cosa.
«Ese dinero no es mi prioridad.»
Me llamó inmediatamente.
—Entonces, ¿qué quieres?
—La verdad.
—¿Y si la verdad me deja