enormes deudas personales que Lucas jamás había sabido explicarme.
Pero hasta aquel instante no comprendí algo mucho peor.
Beatrice sabía perfectamente que su hijo me era infiel.
Y también sabía exactamente de dónde salía el dinero robado.
Mientras seguía allí sirviendo vino a treinta y ocho mujeres arrogantes, un plan empezó a formarse en mi cabeza.
Un plan que iba a destruir de una vez por todas la miserable mentira en la que llevaba años viviendo.
PARTE 2
Regresé a la cocina sin decir una sola palabra.
—¿Has oído las