a mi negocio.
No celebré su caída económica.
Nunca había querido destruirlos.
Solo quería recuperar lo que legítimamente me pertenecía y cerrar para siempre aquel capítulo doloroso de mi vida.
Dos meses después, mi abogado entró en Lumina con un gran maletín de cuero y me entregó el acuerdo definitivo.
—Todo el dinero robado ha sido recuperado oficialmente, Camilla. No queda ninguna disputa pendiente.
Firmé la última página y miré la bandeja de plata que descansaba sobre mi escritorio.
Ya no contenía papeles de divorcio.
Ni extractos bancarios.
Ni pruebas