tu vida cambia por completo, la mente se aferra a las cosas más pequeñas y se niega a soltarlas.
La silla metálica estaba helada.
La espuma del café ya había desaparecido.
Mis audífonos seguían conectados a la llamada de Zoom que mi padre había interrumpido esa misma mañana.
Yo pensaba que la llamada había terminado.
Él también.
Entonces lo escuché
reír.
—Es tan tonta que nos dejó quedarnos aquí —dijo.
Por un instante creí haber oído mal.
Me quedé completamente inmóvil mirando la pantalla de mi laptop, donde acababa de