su amiga.
La otra se tapó la boca con la mano, intentando contener la risa. Muy pronto, casi todo el salón estaba lleno de murmullos. Pero Isabella continuó bailando.
Sonreía a su marido, giraba al ritmo de la música y parecía no darse cuenta en absoluto de lo que ocurría a su alrededor.
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Eduardo se sentía cada vez más incómodo. Veía cómo los invitados se miraban entre sí. Veía sus sonrisas burlonas y escuchaba sus risas contenidas. En un momento dado,