con sus fusiles largos en posición de alerta baja. La trampa se hacía cada vez más inminente.
Quill alzó las manos. La Glock cayó ruidosamente sobre el asfalto caliente de la autopista 290.
En cuestión de minutos, aquel solitario tramo de carretera se transformó en un bullicioso puesto de mando. El departamento del sheriff local, alertado apenas unos minutos antes de la operación para evitar filtraciones internas, llegó con las luces intermitentes encendidas, no para ayudar a Quill, sino para distanciarse de él.
Delaney estaba de pie junto al capó