reconoció inmediatamente su error.
—No estoy diciendo que no puedas irte.
Respiró.
No estaba acostumbrado a corregirse.
—Quiero decir que antes de que salgas de esta casa necesito entender por qué apareces en una fotografía de mi familia tomada casi treinta años antes de que empezaras a trabajar aquí.
Natalie sostuvo su mirada.
—Y después?
—Después tú decides si te vas.
Eso pareció tranquilizarla mínimamente.
—Mia se queda conmigo.
—Bien.
Los tres fueron a la pequeña sala privada junto al dormitorio.
Sebastian llevaba la fotografía.
La llave estaba sobre la