El multimillonario abrió su armario kara y encontró a la hija de una empleada… la niña llevaba tres horas esperándolo por una razónkara

apartamento antes de preguntarme qué quería.

Él abrió la boca.

La cerró.

—Probablemente.

—Exacto.

—Pero habría protegido a Mia.

—Mia no existía todavía.

—Punto irrelevante.

—Muy relevante biológicamente.

Eso terminó con ambos riendo.

El dolor empezó a volverse relación.

Mia fue el puente.

No porque tuviera obligación.

Simplemente porque trataba a Sebastian como persona.

No magnate.

No patriarca.

No hermano perdido.

El señor serio que tenía rodillas ruidosas.

—Estás viejo —le decía.

—Tengo cuarenta y cuatro.

—Viejo.

—Tu madre tiene treinta y siete.

Natalie desde la cocina:

—No me metas.