El multimillonario abrió su armario kara y encontró a la hija de una empleada… la niña llevaba tres horas esperándolo por una razónkara

trabajaba para la suya.

—Aquí?

—No.

—En la antigua residencia de Connecticut.

Sebastian observó la imagen.

—Entonces esa niña eres tú.

—Sí.

—Por qué estás junto a mis padres?

—Porque tu madre me quería.

Una frase extraña.

—Era hija de una empleada.

—Sí.

—Mi madre tenía docenas.

—Mi madre no era una empleada cualquiera.

Sebastian esperó.

—Se llamaba Evelyn Brooks.

El nombre le sonaba.

No sabía de dónde.

Entonces recordó.

Un susurro antiguo.

Sus padres discutiendo cuando él tenía quizá doce años.

Evelyn.

Su padre diciendo:

“Ese nombre no vuelve