de la perseverancia y la paciencia, cualidades que aplicaba incansablemente a su relación con Marcus. Cuando los vecinos empezaron a evitarla en el supermercado, cuando otros padres dejaron de invitar a Marcus a fiestas de cumpleaños y cuando las llamadas del orientador escolar se hicieron más frecuentes y urgentes, Linda respondió redoblando sus esfuerzos para proteger a su hijo de lo que ella percibía como un mundo hostil e incapaz de comprender su potencial.
La fundación benéfica a la que dedicaba tiempo y dinero se centraba en apoyar a jóvenes