la vista.
Apartamento a mi nombre.
Un automóvil.
Una compensación de quinientos mil dólares.
Y una frase:
“Durante el matrimonio no existen hijos en común.”
Mi mano se posó instintivamente sobre el abdomen.
Allí estaba nuestro bebé.
Doce semanas.
La noche anterior había escuchado su corazón.
Pensé que Ethan lloraría cuando se lo contara.
Qué ingenua.
—Llevamos cinco años casados —dije.
Él soltó una risa breve.
—¿Y?
—¿Alguna vez me amaste?
La impaciencia apareció inmediatamente en su rostro.
—No hagas preguntas infantiles.
—Éramos marido y mujer.
—Éramos.
Corrigió la frase