Me divorcié embarazada de tres meses; diez años después, mi exmarido entregó un premio a su propio hijo sin saber quién era

me miró.

—Esto es raro.

Casi reí.

Ethan también.

—Sí.

—Mucho.

—Muchísimo.

Aquella pequeña coincidencia rompió algo.

No el hielo completo.

Pero una grieta.

La enfermera tomó las muestras.

Antes de marcharnos Ethan preguntó:

—Leo.

Mi hijo lo miró.

—¿Puedo…?

Se detuvo.

Por primera vez en su vida, Ethan Sullivan parecía no saber formular una petición.

—¿Puedo darte mi número de teléfono?

Leo pensó.

—No tengo móvil.

Ethan parpadeó.

—Ah.

Yo tuve que ocultar una sonrisa.

—Mamá dice que hasta los diez.

—Buena regla.

Leo me miró triunfal.

—¿Ves?

—No