cuando resolvía un problema y aquella pequeña hendidura en la barbilla que yo había besado durante cinco años.
Cada vez que alguien preguntaba por su padre, yo decía:
—Es una historia que Leo conocerá cuando tenga edad suficiente para decidir qué quiere hacer con ella.
Nunca hablé mal de Ethan delante de él.
Tampoco inventé un héroe.
Simplemente lo crié.
Trabajé.
Abrí una empresa de arquitectura educativa.
Reconstruí mi vida.
Y casi diez años después regresé a la ciudad por una razón que jamás tuvo nada que ver con mi