Todo el auditorio estalló en carcajadas.
Yo también.
Ethan seguía de rodillas.
—¿Laura?
—Levántate.
Su rostro palideció.
—¿Eso es un no?
—Tu rodilla tiene cuarenta años.
—Treinta y nueve.
—Peor.
Se levantó.
Tomé la caja.
Dentro había un anillo sencillo.
No el enorme diamante de nuestra primera boda.
En el interior había tres letras grabadas.
L.E.L.
Laura.
Ethan.
Leo.
Lo miré.
—Eso es manipulación emocional.
—Leo lo diseñó.
Miré a mi hijo.
—¡Traidor!
—Me pagó con un telescopio mejor.
—¡Leo!
La sala volvió a reír.
Ethan esperaba.
Yo