levantó la vista.
—Florence.
Sentí que todo volvía a complicarse.
—¿Su hermana?
—La caja estaba a su nombre originalmente. Cuando sufrió el problema de salud, me entregó la llave.
—Entonces Florence ha estado ocultando información.
—Parece que sí.
Me levanté.
—Voy a hablar con ella.
Arthur agarró mi muñeca suavemente.
—Espera.
—¿Por qué?
—Porque Richard acaba de llevársela de la casa.
Mi sangre se heló.
—¿Adónde?
—Nadie lo sabe.
En ese instante mi teléfono vibró.
Era un número desconocido.
Había recibido una fotografía.
Florence estaba sentada en una habitación que