hombros.
—Arthur.
Tuve que mirar hacia otro lado para que no viera mis lágrimas.
—¿Está muy enfermo?
—Los médicos están cuidándolo.
Caleb guardó silencio.
—Mamá…
—¿Sí?
—¿Arthur se casó contigo porque se va a morir?
Aquella pregunta me sorprendió.
Me senté a su lado.
—Arthur está enfermo. Pero nuestra boda fue una decisión que tomamos los dos.
—¿Lo quieres?
Pensé durante unos segundos.
—Sí. Pero quizá no de la manera que tú imaginas.
Caleb asintió como si aquella respuesta fuera suficiente.
Entonces tomó otra pieza.
—Él es bueno conmigo.
—Sí.
—