para hablar seguía limitada, pero podía escribir.
Le entregaron una libreta.
Escribió tres palabras:
“Victoria lo sabe.”
—¿Sabe qué?
Florence volvió a escribir.
“Daniel está vivo.”
La miré sorprendida.
—¿Desde cuándo?
Escribió:
“Siempre.”
Sentí que me faltaba el aire.
Florence sabía que Daniel estaba vivo.
Le señalé la libreta.
—¿Por qué nunca me lo dijo?
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Tardó casi un minuto en escribir la respuesta.
“Él me lo pidió.”
Me levanté.
No podía creerlo.
—Todos decidisteis por mí.
Florence bajó la mirada.
—Daniel decidió desaparecer. Usted