agudas. La sala se quedó más silenciosa.
Entonces Dolly se inclinó hacia el micrófono.
Y lo que dijo después cambió por completo el ambiente del estudio.
Sin gritos. Sin enfado. Solo una respuesta perfectamente calculada que dejó atónitos a Joan Rivers, Johnny Carson y a todo el público.
Durante años, la gente había subestimado a Dolly por su apariencia. Veían el cabello. Veían el brillo. Veían la famosa sonrisa.
Pero olvidaban a la mujer que había detrás.
Una mujer que no tenía nada.
Una mujer que construyó un imperio.
Una