El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

destruir la empresa.

Daniel se sentó frente a él.

—¿Un competidor?

—No.

—¿Un empleado?

—Eso pensé al principio.

Ethan deslizó el teléfono hacia nosotros.

Había varios titulares de noticias.

Uno hablaba de irregularidades financieras.

Otro mencionaba supuestos contratos falsificados.

Un tercero afirmaba que la compañía de Ethan había ocultado pérdidas durante años.

Sentí un vacío en el estómago.

—¿Es verdad?

Ethan negó con la cabeza.

—No.

—Entonces, ¿quién está haciendo esto?

—No lo sé.

—¿La policía está investigando?

—Todavía no oficialmente.

Daniel frunció el ceño.

—¿Todavía?

Ethan respiró profundamente.

—Esta