PARTE 2: La firma que nunca llegó a la escriturakara

comprendí la lógica.

Como yo había trabajado más, necesitaba menos.

Como había ahorrado, podía regalar.

Como Daniela no lo había hecho, merecía recibir.

—No voy a transferir el dinero.

Daniela se levantó.

—¡No puedes hacer eso!

—Precisamente porque es mi dinero, sí puedo.

Mamá comenzó a llorar.

Pero esta vez no cambié de opinión.

La operación se suspendió.

Creí que aquello terminaría allí.

Me equivoqué.

Dos días después, el agente inmobiliario me llamó.

—Señorita Ortega, encontramos algo extraño en el expediente.

Mis padres habían entregado una carta afirmando que parte