frente a nuestra primera casa.
Detrás había escrito:
“Teresa dice que algún día tendremos una familia enorme.
Espero que tenga razón.”
Me quedé mirándola.
Laura tocó mi brazo.
—Tal vez la tuvo.
Levanté los ojos.
Patricia hablaba con Daniel.
Beatriz discutía con Laura sobre el postre.
Mi sobrino acababa de llegar.
La casa estaba llena.
No era la familia que Alejandro y yo habíamos imaginado.
Era muchísimo más extraña.
Más rota.
Más complicada.
Pero estaba allí.
—Quizá —respondí.
Aquella noche, después de que todos se marcharon, fui a mi habitación.