de mi hija.
Su primera palabra.
Su primer cumpleaños.
Sus primeras lágrimas.
Pero ahora tenía entre mis brazos la vida que me habían arrebatado.
Y no sabía si, después de aquel abrazo, debía perdonar a mi esposo…
o dejarlo finalmente solo en el mismo silencio en el que me había mantenido durante veintiséis años.