todavía puedo casarme contigo.
Solté una carcajada.
Michael casi sonrió.
—Cuando seas grande, tendrás que preguntarle otra vez. Y aceptar la respuesta que ella quiera darte.
Zach reflexionó.
—Está bien. Pero voy a llevar flores.
—Eso ayuda —dije.
Michael y yo hablamos poco aquella tarde. No hubo declaraciones de amor ni promesas imposibles. Solo una conversación breve sobre la cooperativa donde trabajaba y sobre cómo él había comenzado a colaborar con investigaciones que limpiaban sus empresas de viejas prácticas corruptas.
No le pedí detalles.
No era mi deber redimirlo.
Tampoco