mujeres que minutos antes reían alrededor de las mesas empezaron a levantarse.
Algunas tomaron sus bolsas.
Otras fingieron revisar sus teléfonos.
Una de ellas preguntó si necesitábamos ayuda, pero Teresa le respondió antes que yo.
—No pasa nada. Diego siempre exagera cuando se trata de la niña.
Sofía me apretó la mano.
—Papá —susurró—, ahí está lo de mamá.
Sentí a Valeria contener el aire.
Volteé hacia ella.