el celular de Valeria? —preguntó.
Teresa giró hacia ella.
—No te metas.
Aquello cambió el ambiente.
Hasta ese momento varias parecían convencidas de que yo había llegado en medio de una discusión familiar y estaba haciendo un escándalo.
Ahora miraban el cajón.
Luego las manos de Sofía.
Luego las de Valeria.
Mi madre entendió que ya no controlaba la versión de la historia.
Guardó silencio unos segundos y finalmente abrió.
Dentro estaba el teléfono de Valeria.
Nada más.
No había dinero escondido.
No había documentos secretos.
No había una