a pagarlo. Aunque solo sea por unos días, llévala a ver el océano.
Se me llenaron los ojos de lágrimas. —Papá, no puedo…
—Puedes hacerlo. Ella se merece ese recuerdo —dijo en voz baja—. Prométeme que irás.
—Te lo prometo.
Él sonrió y me dio unas palmaditas en el hombro.
Si tan solo hubiera sabido entonces por qué papá se ofreció tan rápido a pagar el viaje.
***
La llamada llegó unos días después.
Estaba sentada junto a la cama de Sophie.
Al contestar, escuché la voz del vecino de papá