mi padre.
—¿Cuándo empezaste a hacer esto?
—Hace unos dos meses.
—¿Por qué?
Miró a Ben.
—Porque él no puede decirte lo que siente.
Me quedé callada.
—Al principio pensé que me lo estaba imaginando —continuó papá—. Pero luego empecé a ver lo mismo una y otra vez. Después de jugar, se sentaba. No quería apoyar tanto peso sobre la pierna derecha. Y algunos días, la zona alrededor de la rodilla se ponía roja.
—¿Y en vez de decírmelo, decidiste ponerle yodo y huevo?
Papá bajó la mirada.
—Eso estuvo