que le dije…
Lo miré.
Apretaba el volante con todas sus fuerzas.
—Le dije que se fuera.
No volvimos a hablar.
Cuando llegamos al hospital, Jake estaba sentado en el pasillo con el rostro entre las manos.
En cuanto nos vio, se levantó.
—Lo siento mucho.
Daniel se acercó a él.
Durante un terrible segundo pensé que volvería a culpar al chico.
Pero, en lugar de eso, Daniel lo abrazó.
Jake se quedó inmóvil.
Luego comenzó a llorar sobre el hombro de mi marido.
—Gracias por quedarte con ella —murmuró