Vi un mensaje en el teléfono de mi marido: «Anoche fue increíble. Tu esposa no se dio cuenta de nada, ¿verdad?». No dije nada… Solo sonreí y empecé a esperar…

de la mano. Y hablamos. De verdad hablamos. Del miedo. De envejecer. De los sentimientos. De la vergüenza. Y de todo aquello de lo que los cónyuges a veces dejan de hablar porque creen que después de treinta años de vida en común la otra persona ya debería entenderlo todo. Cursos de comunicación en pareja Tenía cincuenta y seis años cuando comprendí algo que debería haber entendido mucho antes. A veces un matrimonio no lo destruye otra mujer. No es la edad. Y ni siquiera el cuerpo que cambia con