ligeramente contra el mármol—. He oído a un técnico decir que este trofeo es de latón macizo. Pesa una barbaridad. Toma, sujétalo un segundo, a ver si te rompe la muñeca.
Elena soltó una carcajada auténtica.
Era un sonido que no escuchaba desde hacía más de una década.
La misma risa que antiguamente llenaba nuestro pequeño y húmedo apartamento.
Le dio una palmada cariñosa en el hombro a Leo.
—Lo habéis ganado vosotros, así que vosotros lo cargáis. Yo solo conservo lo que realmente me pertenece.
Parte 2
La risa