y quejas archivadas durante meses. Algunos informes habían sido resumidos de manera que los problemas parecían menores.
No podía afirmar que una reparación hubiera salvado a su hija y a su nieta.
Tampoco podía utilizar esa incertidumbre para fingir que no habíamos fallado.
Suspendimos los desalojos mientras se revisaban las condiciones y se organizaban soluciones para los residentes. Contratamos evaluadores externos y pusimos los documentos a disposición de las autoridades y de los representantes de las familias.
Los directivos responsables tuvieron que responder.
Yo también.
No bastaba con despedir a