sus rasgos.
Tres vidas que habían crecido sin él.
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Mateo apretó los labios.
—¿Y quién compró eso?
Lucía dobló las manos frente a ella.
—La persona que apareció cuando ya no tenía otra salida.
Mateo volvió a mirar el recibo.
El nombre estaba escrito en la parte inferior.
Lo reconoció.
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No era un desconocido.
Era alguien relacionado con la vida que había dejado atrás.
Y entonces entendió que la historia que Lucía estaba a punto de contarle no terminaba en el parto.
Aquel nombre explicaba quién había intervenido