Cada vez que recogía a mi hijo de 5 años de casa de la abuela, llevaba la ropa al revés o mal puesta… Yo seguía diciéndome que solo era un niño. Pero un día entré sin avisar, vi TODA su ropa tirada por el suelo y los encontré encerrados en el dormitorio de arriba

lo habitual.

—Volveré dentro de tres horas.

Mamá negó con la cabeza.

—Que sean tres horas y media.

—¿Por qué?

—Para que nos dé tiempo de terminar.

Otra vez esa palabra.

Me alejé en coche, pero solo avancé dos calles antes de estacionarme. Permanecí sentada en el coche durante casi treinta minutos. Una parte de mí se sentía ridícula. Otra seguía repitiéndome que, si algo relacionado con mi hijo parecía estar mal, tenía todo el derecho de comprobarlo.

Así que regresé caminando.

No llamé ni envié ningún mensaje.

La puerta