PARTE 2: EL IMPERIO TENÍA MI NOMBRE

del hospital en febrero.

La mañana en que volvió a casa, abrió las cortinas del salón y se quedó mirando el jardín, todavía desnudo por el invierno.

—¿Estás bien? —me preguntó.

Pensé en contestar que sí.

Luego me senté a su lado.

—Todavía no del todo.

Ella me acarició la mejilla, justo donde había cicatrizado el pequeño corte del labio.

—Entonces empezaremos por desayunar.

Sonreí.

Preparé café. Quemé la primera tostada. Mi madre protestó porque había puesto demasiada mantequilla en la suya.

Y mientras la escuchaba, comprendí que aquella era