El cuaderno de cuero y la verdad guardada en el bolsillo de su esmoquin

gemelo sin mirarme.

—La mayoría nos distanciamos. Los pocos que aún me hablan saben de tu memoria. No quería que hoy se convirtiera en un interrogatorio.

En ese momento sonó considerado. Horas después, en la terraza, viendo cómo su mano temblaba alrededor de la copa de champaña, ya no me pareció tan simple. No era el nerviosismo de un recién casado. Era otra cosa.

Lo seguí cuando se apartó hacia el jardín oscuro. Se apoyó en el barandal. La champaña se derramaba por sus dedos sin que lo notara. Estaba