novia, rodeada de invitados que aún no entendían por qué la ceremonia había dejado de ser el centro de atención.
Metí la mano en mi bolso.
Julian dio un paso hacia mí.
Saqué un sobre.
—Un regalo de bodas.
Se lo puse directamente en las manos.
Ahora, frente a los resultados de ADN, Julian tenía que aceptar que aquellos cuatro niños eran suyos. Pero la sorpresa de su paternidad no era la única verdad que estaba a punto de salir a la luz.
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—¿Por qué no me dijiste nada? —