ella inmediatamente.
—Oye, está bien.
Le tomó la mano y se concentró en tranquilizarla. Yo seguía frente a él, esperando una sola palabra que nunca llegó.
Aquella decisión fue más clara que cualquier explicación. Mi esposo había elegido a Vanessa y a los hijos que esperaba con ella, o al menos eso era lo que yo entendí en ese momento.
Tomé la pluma y firmé.
No hice una escena. Tampoco pedí que me devolvieran el cheque. Me levanté de aquella mesa sabiendo que, si permanecía allí unos minutos más, terminaría