Mi esposo perdió su teléfono y cuando un desconocido me dijo dónde lo encontró, olvidé cómo respirar

perdido

La tarde anterior había llegado a casa visiblemente alterado. “No encuentro mi teléfono”, dijo apenas cruzó la puerta. Calculaba que se le había caído entre su oficina del centro y el gimnasio al que iba después del trabajo.

Buscamos durante una hora: en el auto, en el portafolio, en los bolsillos de todas sus chaquetas, debajo de los asientos, dentro del maletero. Intentamos rastrearlo por internet, pero tenía la batería agotada. Andrés caminaba por la sala, pasándose la mano por el pelo, cada vez más tenso. Me acerqué a