PARTE 2: La escritura que no firmé

pecho.

—Eso es imposible. Nunca firmé nada.

—La autorización lleva su firma electrónica —respondió—. Y fue validada la noche de la recepción.

Samuel me mostró la copia que acababa de recibir. Mi nombre estaba al final del documento, junto a una firma que se parecía demasiado a la mía.

Pero yo no había estado en aquella casa esa noche.

Adrian tampoco.

Entonces vi la última página: la transferencia incluía una cláusula que permitía vender la villa si Whitmore Group incumplía sus obligaciones financieras.

Samuel palideció.

—Elena, esto no parece una