de Sarah.
Lo abrí.
“Estoy a salvo. No me busques.”
Debajo apareció otro.
“Y no creas nada de lo que Catherine te diga sobre mi padre.”
Intenté llamar.
Apagado.
Llegó un tercer mensaje.
Una fotografía.
Sarah estaba sentada en una habitación de hospital.
Tenía una vía intravenosa en el brazo.
Una mano masculina descansaba sobre su hombro.
El rostro del hombre quedaba fuera del encuadre.
Debajo decía:
“Perdí al bebé.”
Las piernas casi me fallaron.
Pero entonces llegó una última imagen.
Un informe médico.
Sarah había ingresado a urgencias a