a mí.
“¿Quieres detener el video?”.
“No.”
Habíamos preparado mi mensaje días antes.
No porque supiera que Alejandro se casaría esa misma noche.
Lo preparé porque sabía que, cuando se enviara el informe, tarde o temprano intentaría convertir la auditoría en una venganza personal.
A las 9:31, las pantallas del salón cambiaron.
Mi rostro apareció detrás del escenario.
Llevaba el mismo vestido azul con el que había salido del juzgado.
Alejandro se quedó inmóvil.
“Buenas noches.”
Nadie habló.
“Alejandro, durante nuestro divorcio tuviste abogados, asesores y tiempo suficiente para