Durante 11 años, mi esposo me presentó como “Mariana, mi esposa” y repetía que sin su apellido yo no era nadie. El día del divorcio tomó las llaves de Valle de Bravo, se rio y dijo: “¿Duele perder?”. Yo no discutí; solo respondí: “Pregúntame mañana”. Esa misma noche, frente a 327 invitados, las pantallas de su boda se encendieron y por primera vez Alejandro escuchó mi verdadero cargo y el nombre de mis 14 empresas.

de 3 pisos donde opera Robles Tecnología.”

Ernesto miró a Alejandro.

“Uno de nuestros fondos participa además en el financiamiento que mantiene abierta su principal línea de crédito.”

Ahora nadie miraba las flores.

Nadie miraba el pastel.

Todos miraban a Alejandro.

“Pero quiero dejar algo claro.”

Mi voz permaneció tranquila.

“Esto no se trata de que me hayas sido infiel.”

Renata apretó los labios.

“Ni de que te hayas casado 6 horas después de nuestro divorcio.”

Alejandro me miraba desde la pantalla como si por primera vez estuviera viendo a