que los abogados consideraron relevantes y abrió la investigación correspondiente.
Yo no llamé a Alejandro.
Tampoco celebré.
Nunca quise destruirlo.
Solo dejé de protegerlo de las consecuencias de sus propias decisiones.
7 meses después estaba en Guadalajara, mirando la ciudad desde la nueva oficina central de Grupo Altamira.
Las 14 empresas ya eran 16.
Sobre mi escritorio había una placa.
Mariana Valdés.
Presidenta Ejecutiva.
Sin el apellido de Alejandro.
Sin una fotografía de matrimonio.
Sin alguien presentándome como su esposa antes de que pudiera decir mi nombre.
Lucía entró con