la intervención inmediata, esperamos que nunca llegue a progresar.
Cerré los ojos.
Había perdido un riñón.
Pero, sin saberlo, también había salvado el otro.
Dos días después recibí el alta.
No regresé a la casa de los Bromel.
Mi abogado ya había retirado todas mis pertenencias.
También había solicitado medidas para proteger mis bienes personales.
Durante años había administrado la contabilidad de la funeraria familiar.
Conocía cada factura.
Cada préstamo.
Cada contrato.
Y también conocía algo que Thaddius jamás imaginó.

Una semana más tarde comenzó el proceso de divorcio.
Thaddius